fbpx
Nightivism

Desde hace varios años, la escena electrónica en Colombia ha empezado a pensar en las consecuencias de violencias dentro y fuera de las pistas de baile. Tres iniciativas están redefiniendo la noción de cuidado y seguridad en la noche y, desde diferentes ángulos, se resisten a la normalidad del silencio cómplice y los espacios violentos. 

We are europe banner We are europe banner

Autora : Luisa Uribe

Foto : Ross Uribe

En una fiesta dentro de un venue en Colombia, es común la escena de alguien borrache o drogade preguntándose dónde están sus amigues, yendo de un lado al otro. También es común ver a esa persona desaparecer en la multitud y después salir escoltada por la seguridad del evento: ¿Por qué la sacan? ¿A dónde la llevan? ¿Qué le dijeron? ¿Le buscaron un transporte seguro? Muchas preguntas sobre una imagen que se repite con diferentes variables, antes y después de la pandemia. 

Hace unos años, la propuesta de seguridad en las pistas de baile o no se hacía o era considerada innecesaria. Pero desde 2021, la seguridad del público, la prevención de violencias al interior de las fiestas y los intentos por generar reflexiones y espacios de diálogo es más común. Varios colectivos y clubes publican “normas” de comportamiento en sus espacios: no al acoso, discriminación o a cualquier tipo de violencia. Hay equipos de acompañamiento en algunos eventos, y hasta líneas de atención telefónica. El panorama está cambiando.  

Las fiestas de música electrónica, como espacios de encuentro y liberación, han sido definitivas para muches de nosotres. Al buscar vehículos para fracturar la normalidad y construir vínculos afectivos y horizontales en un país jerarquizado y violento, estos espacios materializan lo que queremos diferente en el mundo. Sin embargo, desde siempre, y aunque apenas se esté empezando a hablar con fuerza de eso, también han sido espacios inseguros, violentos y discriminatorios. Las violencias sexuales, de género, por razones económicas o raciales, han sido una constante en raves, clubes y espacios en los que se produce, consume y circula música electrónica en el país. 

En Colombia, como en tantos países, aumentaron las denuncias públicas contra DJs, productores, gestores de sellos y otros actores de estas escenas. Muchas denuncias se hacen por redes sociales como escraches, que señalan públicamente a lxs victimarixs sin que haya reflexiones o reparaciones colectivas. También ha habido denuncias formales como la del DJ Hernán Cayetano en noviembre de 2020, y que también pasan rápidamente al olvido. 

Hay varios elementos en ambos tipos de denuncia: la normalización de violencias, el silencio cómplice de la comunidad e ideas generalizadas de que las víctimas mienten y los hechos son imposibles de esclarecer. Esto, en un contexto nacional que en 2021 dejó 9.000 casos de violencia sexual contra menores de edad y 11.523 contra mujeres, con un subregistro importante por el miedo o las dificultades para denunciar. 

La pandemia no solo obligó al cierre de la gran mayoría de los espacios de fiesta, sino que hizo aún más urgentes las reflexiones sobre esta normalización de las violencias. Con denuncias formales, virtuales, y con la sensación de que ‘no se podía volver a lo mismo de antes’, han surgido plataformas que proponen reflexiones y herramientas sobre colectividad, seguridad y exigen transformar la complicidad en los espacios de fiesta en todo Colombia. Estas se suman a otras iniciativas que ya llevan años pensando la relación del público con la seguridad y el cuidado en la pista de baile.  

Hablamos con Ahsly Mejía de Probo, en la ciudad de Pereira, Rossana Uribe, de Ediciones Éter en Medellín y Valentina Mejía de Eco en Bogotá y Medellín para entender sus perspectivas sobre las comunidades de música electrónica en el país, exploramos la fragmentación de los silencios cómplices ante dinámicas violentas en los espacios de fiesta, y ahondamos en la urgencia de repensar cómo estamos construyendo, habitando y proyectando estos espacios a futuro. 

“La diversidad no es una bandera y la seguridad la construimos nosotrxs”

“Probo fue una iniciativa que surgió de la incomodidad”, cuenta Ahsly desde Pereira, al centro occidente de Colombia. La plataforma quería ”Hacer eventos que celebraran la diversidad y promover espacios seguros”. Esto, liderado por una pregunta ”¿Qué vamos a hacer para que esto sea así, cómo lo vamos a construir?”

Lxs integrantes de Probo se propusieron construir espacios alternativos a los de su ciudad, que se centraban exclusivamente en los eventos, sin pensar en el público y cómo podía ser impactado por las decisiones de les organizadores. En cambio, en Probo han explorado la relación con este mismo público por fuera de la fiesta, para entender cómo perciben a lxs DJs y espacios de música electrónica en la ciudad. 

También habilitaron una línea telefónica exclusiva para lxs asistentes a sus eventos.  Si allí alguien es acosado, abusado, irrespetado, o incluso si se está sintiendo mal por algún consumo de sustancias, puede recibir ayuda del equipo de Probo. También acompañan a su público a la salida de sus eventos para que tomen un transporte seguro. “Para nosotrxs la diversidad no es una marca o una bandera, por eso siempre estamos trabajando por hacerla posible en nuestros espacios”, afirma este equipo que siempre busca estar en constante transformación y mejora de estas medidas. 

Fiesta de Probo con Matías Aguayo @ We are Europe
Pereira, 17 de diciembre de 2021. Fiesta de Probo con Matías Aguayo © 0ceromasuno1

Espacios seguros, alternativas sonoras 

En un ejercicio reflexivo sobre las propuestas disponibles al público, Ediciones Éter, un sello electrónico de Medellín creado en 2013, también confronta la normalidad de los eventos masivos. ¿Cómo? Ampliando los espectros y espacios de escucha, de disposiciones y enfoque de sus espacios. 

Desde una perspectiva menos explícita que la de Probo, y más desde lo sonoro, Éter propone reconfigurar nuestros hábitos de consumo y formas en las que nos acercamos a la música electrónica, así como disposición de los espacios para ello. Reflexionan sobre la seguridad, desde una mirada interna constante, y construyen espacios que van a ritmos alejados de la fiesta electrónica común en el país. 

¿Y si los espacios de escucha fueran otros, más contemplativos, más íntimos o más centrados en la música y no en el performance de los DJs, los espacios VIP y otras dinámicas usuales en los eventos más grandes de música electrónica en Colombia? ¿Cómo diluir los límites entre géneros a través de un interés por la escucha y por lxs artistas y comunidades locales? 

“Para nosotrxs lo digital siempre será un espacio fundamental”, cuenta Ross, una de las líderes del sello. “En la pandemia eso nos llevó a acercamos a muchas personas y pudimos hacerlo a través de música que sentíamos que aportaba a la estabilidad o la salud mental de las personas en medio de tanta incertidumbre”. Ahora, Éter quiere dar el paso presencial y proponer espacios por fuera de la fiesta. “No nos interesa replicar lo que ya todo el mundo está haciendo, sino proponer espacios muy particulares e íntimos de escucha con aforos pequeños y promoviendo un consumo diferenciado, no de bebidas alcohólicas”.  

Autogestión e interdependencia

De estas inquietudes también nació Eco en 2020. Una plataforma creada por siete mujeres, incluida la autora de este texto, que trabaja para fortalecer las comunidades de música electrónica en Colombia y América Latina con contenidos para cuestionar, debatir y profundizar en problemáticas propias de estos espacios. 

Según Valentina, conocida como Mística en su faceta de DJ, y una de las integrantes de Eco, “Queremos crear herramientas, debatir conceptos y tejer redes de trabajo que fortalezcan estas comunidades”. Estas herramientas repiensan “La profesionalización, la seguridad de los espacios de la vida nocturna, la descentralización y el trabajo colectivo y horizontal como ideas fundamentales de lo que estamos haciendo”.

Junto con iniciativas como las del colectivo y sello bogotano Exotérmica, con su campaña “No estás solx”, en la que escuchan y acompañan a víctimas de violencia sexual y de género en contextos dentro y fuera de la fiesta, en Eco se preguntan por el seguimiento de las denuncias y herramientas de prevención hace falta construir.  

Durante 2020, Eco realizó una serie de charlas virtuales con varios agentes en torno a cuatro temáticas: colectividad, descolonización, resistencias contraculturales y escenas locales y regionales en relación con el panorama nacional. Allí empezó a tejerse una red para escuchar y recoger cuáles eran las principales problemáticas de artistas y gestores en los contextos pre y post pandémicos.

Ediciones Eter @ We are Europe
Medellín, 2018. Domo Ediciones Éter. © Ros

Durante estos años, Eco se ha enfocado en visibilizar iniciativas locales que aporten a lo construido, acercarse a otros proyectos como La Curaduría para compartir sus perspectivas y articular acciones, y dictar capacitaciones sobre espacios seguros en las fiestas en sitios como Video Club, uno de los clubes más grandes de Bogotá.  

Estas tres iniciativas son ejemplo del panorama de acción en torno a la seguridad y cuidado de comunidades de música electrónica en el país. Además de incluir publicaciones contra las violencias, o capacitaciones a equipos de logística para eventos, las acciones se encaminan a cambiar las condiciones de acceso y garantías que público y gestores negocian al ir de fiesta o hacer parte de la escena electrónica.  

Aquí, la seguridad no se reduce a ciertas reglas o restricciones policivas, es más bien parte de un consenso para romper pactos de silencio, complicidad y normalización del abuso y las violencias. También implica pensar en cómo se construyen los espacios, en las variables que pueden aumentar o disminuir los riesgos, y en suma, cómo la premisa de los espacios seguros necesariamente pasa por reconfiguraciones del poder en las comunidades de las que hacemos parte: ¿Quiénes toman las decisiones sobre nuestro cuidado en los espacios de fiesta? ¿Por qué es importante una redefinición de esas dimensiones? ¿Cómo lo estamos haciendo?

Sobre la autora

Luisa Uribe estudió sociología, antropología y estudios culturales en Colombia. Actualmente es la City Manager para Resident Advisor en Bogotá. Ha estado trabajando en espacios feministas desde 2010 con un interés particular en la participación de las mujeres en los espacios públicos y la vida nocturna en el país y en América Latina. Co-fundadora de Pez Alado, un colectivo feminista que abrió espacios para hablar sobre la seguridad y la inclusión en la pista de baile, especialmente para las mujeres y las personas queer. Desde el 2020, trabaja en  dos plataformas que continúan las discusiones y tienen como objetivo crear espacios más colectivos y horizontales dentro de las comunidades de música electrónica: ECO and Latitudes.

Share this content
All posts in Nightivism